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Hace algunos años un granjero poseía tierras a lo largo del litoral Sur del Atlántico.

Constantemente buscaba empleados que le ayudaran, pero pocos estaban dispuestos a trabajar en esa zona………

Temían las horribles tempestades que barrían aquella región, haciendo estragos en las construcciones y los campos.

Buscando nuevos empleados, solo recibió rechazos.

Finalmente, un hombre bajito y delgado, de edad media se aproximó al granjero.

– ¿Usted es un buen labrador? Le preguntó el granjero.

– Bueno, yo puedo dormir cuando el viento sopla, le respondió el pequeño hombre.

Bastante confuso con la respuesta, granjero, desesperado porque necesitaba ayuda, lo contrato.

Este pequeño hombre trabajó bien en todo el campo, manteniéndose ocupado desde el amanecer hasta el anochecer.

Y el granjero estaba satisfecho con el trabajo del hombre.

Pero entonces, una noche, el viento sopló con mucha fuerza.

El granjero saltó de la cama, corrió hasta el alojamiento del empleado.

Sacudió al pequeño hombre y le gritó:

– ¡Levántate!

¡Una tempestad está llegando!

¡Amarra las cosas antes que sean arrastradas!

El hombre pequeño se dio vuelta en la cama y le dijo firmemente,

– No señor.

Yo ya le dije: «Yo puedo dormir cuando el viento sopla.»

Enfurecido por la respuesta, el granjero estuvo tentado a despedirlo inmediatamente.

En vez de eso, se apresuró a salir y preparar el terreno para la tempestad.

Del empleado se ocuparía después.

Pero…para su asombro, encontró que todas las parvas de heno habían sido cubiertas con lonas firmemente atadas al suelo.

Las vacas estaban bien protegidas en el granero, los pollos en el gallinero, y todas las puertas muy bien trabadas.

Las ventanas bien cerradas y aseguradas.

Todo estaba amarrado.

Nada podría ser arrastrado.

El granjero entonces entendió lo que su empleado le había querido decir.

Y volvió a su cama para también dormir cuando el viento soplaba.

 

Y tu…….puedes dormir cuando………

 

Desconozco su autor

 

 

«No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte. Enfrenta con valor y acepta que de una u otra manera son el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar». Pablo Neruda.

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