Mi pueblo, quizás no sea conocido por su paisaje agrario, sino por el innumerable número de chalets y parcelas, pero sin embargo lo tiene.
Para mí, mi pueblo es una joya privilegiada, nada espectacular comparado con los paisajes que se pueden contemplar en lugares como Valencia, Andalucía o Murcia, pero sin embargo…. Mi pueblo ofrece una belleza clara y sencilla de una humildad que solo es comparable consigo mismo.
Mi casa está situada a pocos metros de una viña.
Una viña que acaba donde la vista se pierde por encima de las copas de los almendros florecidos con sus flores blancas y rosas.
Las hileras tan rectas de árboles altos se pierden hasta llegar al límite del bosque. Es allí donde se ven las primeras higueras tan altas como dos almendros superpuestos.
Y si uno mira hacia el suelo puede ver las primeras flores de la primavera creciendo libremente entre los enormes árboles. La tierra toma una tonalidad especial, se vuelve más clara a cada paso que se aleja del bosque hasta llegar al caserón de piedra donde el Pagés guarda las herramientas.
Uno puede perderse contemplando las enmarañadas capas de las cuatro moreras que dan sombra a la barbacoa construida junto a la casa.
Luego uno puede adentrarse un poco en el bosque hasta llegar a la siguiente parcela donde crecen libremente los avellanos mezclados con los algarrobos que crecen en un lugar sombrío cerrado por un sinfín de montículos tan poblados que uno se raspa las piernas hasta llegar a él.
Si uno sigue más adelante se descubre un sendero entre los pinos que lo conduce hasta un cañaveral, un cerezo y un manzano medio muerto mezclados nuevamente entre los almendros.
Y uno cuando quiere volver a casa maravillado con el innumerable número de árboles que encuentras es tu camino, puede detenerse comiendo unas cuantas moras mientras camino hasta llegar a los olivos de troncos tan grandes que uno no puede rodearlos con los brazos aun queriéndolo.
Y cuando el sol se pone y tu subes al monte y puedes ver todo el cambio a los pies, sientes lo grande que es el mundo y lo hermosa que es mi tierra y se ven las casetas, recuerdos de otro tiempo, mezclados con los ruidos, la gente y las casas de la modernización.
Es por esto que me siento identificado con el nombre que define a mi pueblo…Els Pallaresos
Ramón Tudela Peña (9 años)
Els Pallaresos 1986